Albéolos de Siesta Manifiesta.
La noche era un demonio,
más,
uno más de miles de demonios habitantes en mi vida.
En el medio de los últimos momentos de silencio,
preanunciada la salida,
yacían nuestros cuerpos,
como cadáveres de la palabra vieja,
como cáscaras de chicharras agotadas de cantar su única canción,
masajeaba mis músculos el aire que movía sostenido el ventilador
y ronroneaba mántricamente en la siesta del sábado.
Hace un rato truenos amenazantes
el carpintero y su charla
y el Sol tan de verano.
No me imagino como es la vuelta.
එ Vale.
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